La cocina de María

Este blog está escrito desde mi cocina, que para mi es una especie de laboratorio experimental donde uno prueba a renovar una antigua receta o a escribir una nueva historia. Bienvenidos a mi cocina y bon apetit!

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viernes, octubre 27, 2006

Pequeñeces

Hace mucho que no escribo en el blog. Uno porque apenas tengo tiempo, otro porque no me ocurren muchas cosas interesantes que contar. Hasta que hoy, de vuelta en el coche después de un maravilloso día con mis amigas Anabel y Kay, de esos de compras, cafés y hasta lunch incluido, me he dado cuenta de que son estas pequeñas cosas las que hacen importante la vida de uno. Sí me han pasado cosas importantes estos días porque la sonrisa de Laura es importante para mí, y descubrirla cantando en las escaleras con un cepillo del pelo en plan micrófono, hace posible que también en mi rostro se dibuje una sonrisa grande, pero aún más sorprendente, la capacidad que tienen los niños para dibujarte sonrisas por dentro, de esas con poder sanatorio, revitalizante. Uno aprende con el tiempo, con los años, a relativizar las cosas y se da cuenta de que somos muy pequeños, y es en las pequeñas cosas, a priori simples, poco importantes, cotidianas, donde uno encuentra los mayores placeres. Yo me quedo con eso, con las llamadas de amigos, con las risas de Laura, con los momentos compartidos con buenas amistades, con la voz de la familia al otro lado del teléfono, con una caricia de Sandrino, con mi Antonio Vega sonando en el cd del coche... Todo ello conforma la vida de verdad, no la que uno planea y se empeña en torcer y retorcer para hacerla parecerse a lo que uno tiene en mente, sino la auténtica, la de todos los días, la que es un sinfín de pequeñeces que dan sentido a ese plan infinito nuestro. He leído hace poco que hay mucha más energía encerrada en el vacío que separa a las pequeñas partículas, que la que contiene todo el universo. Y creo que eso es cierto, porque cuando yo miro a Laura veo todas las posibilidades que aún encierra su vida, todos los caminos que le quedan por explorar, toda energía universal condensada en esos ojos risueños de una niña de dos años. Quizás sería necesario que de vez en cuando tomemos un respiro para dejar de controlar el todo y mirar la nada.

domingo, octubre 15, 2006

La Primera Cena

Ayer asistí a una cena en casa de mi querida asturianina Sonia, una primera cena en torno a una buena mesa alrededor de la cual nos sentamos ocho aspóstoles de la hispanidad. Diferentes nacionalidades por pares, como si hubiésemos sido elegidas para un arca de Noe con la intención de salvar la identidad latina. Nela y Nancy de Perú, Solán y Adriana de Venezuela, Ana Isabel y María Claudia de Colombia y Sonia y yo, haciéndo gala no sólo de lo español sino de la sangre astur que corre por nuestras venas. Asistí a la cena con la ilusión de conocer a gente nueva y por otro lado con esa especie de corte que da el entrar en un grupo de amigas ya formado, del que yo desconocía casi todo, excepto lo obvio, que todas hablábamos la misma lengua.
Para mi sorpresa, desde el mismo momento que nos sentamos a la mesa, me hicieron sentir como en casa. Después de la intensiva y ardua entrevista personal a la que me sometió Maria Claudia, dejé de ser la nueva del grupo para convertirme en la otra María, porque eso sí, a hablar no nos ganan a ninguna de las dos. Como si de una telenovela de coproducción hispanoamericana se tratase, nuestras vidas, aventuras y desventuras iban corriendo por la mesa, a través de una mezcla de acentos latinos que formaban parte de una partitura musical que dejó patente la riqueza melódica de la lengua hispana.
Dicen que se puede reconocer en un bar a un latino porque es el único que aún sentado sigue moviendo los pies al ritmo de la música. Nosotras de la música decidimos prescindir, porque la mujer latina tiene el ritmo en la palabra, y la conversación no cesó, saltando de un tema a otro, de temas vanales a otros más profundos, pero todos ellos regados no sólo con buen vino, o coca...cola (qué quede claro, Ani), sino con la carcajada espontánea de la doble intencionalidad del español. El sentido del humor es nuestra arma, la capacidad de reirnos de lo tópico y típico de nuestra cultura. Las palabras fluían acompasadas de peripecias con los brazos y manos, porque como dice Nela, sin la ayuda de las manos a un latino le es difícil hablar. Si la melodía está compuesta del tono y ritmo de nuestras palabas, la danza se acompaña con el girar en el aire de las manos, como un lenguaje de signos que refuerza el poder de lo dicho, un lenguaje silencioso y secreto cuyas claves sólo pueden descrifrarse entre nosotros.
Desde aquí, mi agradecimiento a todas por acogerme en esa pequeña familia latina que os habéis montado. Gracias por vuestras risas, por vuestras palabras, por vuestro interés sobre mi propia historia, y por esta primera cena, que será el comienzo de muchas otras veladas interesantes y divertidas, no me cabe la menor duda. Como diríamos en mi tierra: "Prestome un montón, mocines".

jueves, octubre 12, 2006

La Virgen del Pilar dice...

La Virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa
que quiere ser capitana
de la tropa aragonesa...

Llevo todo el día con esta jota en la mente y hasta en un momento dado, para susto de mi hija, me puse a cantarla en voz alta, con ese tono más que de barítono, de un Victor Manuel todavía asturianizado. Así que ya os podéis imaginar la carita de Laura ante tal interpretación de una jota aragonesa en versión astur. La pobre se tapó los ojos en vez de los oídos, porque debía de ser para ella aún más penoso mi exhaltación patriótica que la melodía en sí.
Pero en fin, hoy es el día del Pilar, día de España y me he tragado vía TVE Internacional todos los acontecimientos oficiales programados, incluída la homilía en directo desde Zaragoza. El año pasado me pilló por casualidad, estaba yo zapeando cuando de repente puse la TVE y estaban retransmitiendo el desfile militar. Hubiera seguido haciendo ejercicios gimnásticos con mis dedos de no ser que mencionaron que a continuación iban a hacer acto de presencia en el cielo de Madrid un escuadrón de la base de Badajoz, y al dar el nombre de los pilotos mencionaron a mi querido Raúl. Qué emoción, que algarabío el pensar que uno de mis amigos iba pilotanto uno de esos aviones. Yo creo que me puse más nerviosa que su propia mujer, pero es que claro, yo aquí sentada en mi casa en Holanda, viendo en vivo y en directo a Raúl pilotar y hacer peripecias acrobáticas en el aire junto con sus compañeros de base.
Desde entonces no me pierdo el día del Pilar, no vaya a ser que entre el gentío aparezca una cara conocida y me lo pierda, o que a Leticia, perdón, Letizia, se le ocurra rasgarse las vestiduras y en un arranque de patriotismo se ponga a cantar el Asturias patria querida en la tribuna presidencial. Y es que no olvidemos, aunque algunos quieran y se empeñen, que Asturias es España, lo demás tierra reconquistada. En fin, que entre tanto militar tan bien plantaó, el obispo de Toledo desde Zaragoza hablando de las peripecias evangelizantes de los españoles en tierras americanas, "algo de lo que debemos estar orgullosos" (y cito tal cual), y la familia real tan mona ella como siempre, a mí la vena hispánica me ha terminado por arrancar cantando una jota.
Pues nada, que viva España y que vivamos nosotros mejor, los españoles.

miércoles, octubre 11, 2006

Una décima de segundo

Es curioso, pero cada vez que escucho la canción de Antonio Vega Una décima de segundo, se me pone la carne de gallina y siempre me viene a la mente un momento específico de mi vida. Lo recuerdo aún como si fuera entonces, con toda nitidez. Había ido a pasar un rato con mi amiga Gema y al entrar en su habitación, estaba ella seguramente ocupada en algún ejercicio de física o quizás dibujando líneas y trazos que ya adelantaban su vocación de arquitecta, comenzó a sonar esa canción. Allí la escuché por primera vez, en aquella pequeña habitación rectangular de Gema, el sonido arrancado de un vinilo recién comprado. Me quedé perpleja, parada durante lo que quizás fué sólamente una décima de segundo pero que recuerdo con la sensación de casi eternidad. Enseguida le pregunté a Gema de quién era el disco, de quién era esa voz... Yo había escuchado antes algo de Nacha Pop pero en las canciones que yo conocía cantaba el otro, su primo, Nacho Vega. Desde entonces me hice fan incondicional de Nacha Pop y más tarde cómo no, de Antonio Vega. La casualidad (si es que existe) quiso que me encontrara en Madrid a un Antonio Vega demacrado, un poco pasado de todo, en una esquina de un garito de Malasaña. Tuve la oportunidad de ver en vivo y directo unas décimas de segundo de muchas de las que en su vida de tonteo con las drogas tuvo mi ídolo. Ni que decir tiene que me alegré mucho cuando retomó su carrera en solitario, con éxito además, y nos siguió regalando canciones tan importantes para el pop español. Sin embargo ninguna canción española me impacta tanto, ni de Antonio ni de otros, como Una décima de segundo. Quizás porque cada vez que la escucho me viene a la mente Gema, mi amiga del alma de entonces, y todas las aventuras y desventuras que compartimos juntas. Toman posesión de la memoria aquellos años de juventud, en los que todavía no tenía ni idea del futuro que quería o me deparaba. O quizás porque la letra de la canción, que parece no tener sentido, de alguna manera lo tiene para mí. Cada palabra, cada nota, cada décima de segundo de la canción tiene la capacidad de poner todo mi aparato sensitivo alerta y la mente se revuela y comienza a rascar momentos del pasado, y los pelos se me erizan como un gato. Por todo ello, y porque acabo de escuchar la canción de Antonio en el coche, de noche, con una luna llena increíble como las que acostumbra a tener Holanda en el otoño, y porque mi vida sigue siendo la forma del círculo sin fin, no he tenido más remedio que dedicar estas líneas a mi querido Vega....y a mi querida Gema.

UNA DÉCIMA DE SEGUNDO
Un momento en una agenda, una décima de segundo más
vuela, va saltando de hoja en hoja, mil millones de instantes de que hablar.
Una ráfaga de aire frío un molino de viento hace girar,
sigue, va rodando sobre su eje describiendo una trayectoria más.

Y es que no hay nada mejor que imaginar, la física es un placer.
Y es que no hay nada mejor que formular, escuchar y oir a la vez.
Mide el ángulo formado por ti y por mí, es la solución a algo muy normal aquí.
Ahora tú no dejes de hablar, somos dos relatos y un par, incógnita que aún falta por despejar.

Busca un libro que diga Cómo, luego otro que se titula "Así",

sigue un tercero llamado "Nada" es la fórmula de un círculo sin fin.
Y es que no hay nada mejor que remover el tiempo con el café.

Y es que no hay nada mejor que componer sin guitarra ni papel.
Paralelas vienen siguiéndome, espacio y tiempo juegan al ajedrez. Ahora tú no dejes de hablar.
Incógnita que aún falta por despejar.
Y es que no hay nada mejor que remover...

jueves, octubre 05, 2006

Una oración, un pensamiento

Hace tiempo os hablaba en esta bitácora sobre la historia de un refugiado palestino cristiano que había conocido. Ayer me llegó la noticia, Daniel, que así se llama, ha desaparecido. No, no es que él se haya ido del campo de refugiados, sino que los responsables del centro le han puesto en la calle por dos semanas y no se sabe de él. Todo comenzó hace unos días, cuando le robaron la cartera y el teléfono móvil que tenía para comunicarse con su persona de contacto en Holanda, que no es otra que mi increíble amiga Kay. Daniel fué transladado a otro campo de refugiados cerca de Rotterdam y aún sabiendo su historial (pero recordad que para los funcionarios sólo son números) le pusieron a compartir caravana con dos musulmanes. Daniel sospechó que habían sido ellos quienes le habían robado la cartera y el teléfono, por comentarios y risas que estos individuos habían realizado en su presencia, de manera que estalló la discusión y él fue acusado de comenzarla. Al parecer el reglamento del campo es así de drástico: a la calle por dos semanas, sin dinero, sin documentos, búsquese usted la vida y calmesé. Ahora no sabemos de Daniel, nadie lo encuentra, ni siquiera su contacto en la iglesia, un voluntario católico que le acompaña los domingos y le está ayudando a superar su depresión. Me imagino a Daniel intentando encontrar refugio en la fría noche holandesa, caminando los seis kilómetros desiertos que separan el campo de refugiados del resto de la civilización. Me lo imagino de nuevo llorando por su situación desastrosa, pero me lo imagino aún vivo, porque los que le conocen mejor temen lo peor, y se imaginan la tentación del inmenso agua del mar del Norte delante de Daniel, un golpe de agua fría y el olvido de todos los problemas para siempre. Desde aquí sólo puedo enviar a Daniel un pensamiento, una oración, porque para mí no será nunca un número y espero que pueda a volver a ser al menos Daniel.

Asturianos

Estoy trabajando en la idea de hacer un reportaje sobre asturianos por estas tierras bajas. Ya llevaba tiempo con la idea, pero sólo tenía un problema: yo era la única asturiana que conocía. Hasta que hace un mes, de pura casualidad, conocí a una chica de Oviedo, Sonia Pedregal, y a partir de ahí, como por arte de magia, asturianos residentes en Holanda han ido apareciendo en mi vida casi a diario, lo que es sin duda una sorpresa agradable. La mayoría, como yo, han llegado hasta aquí de la mano de un novio, un marido, una ilusión sentimental. Todos se han quedado porque han encontrado un trabajo estable, las posibilidades de mejorar en sus carreras y aprender idiomas. Hoy mismo me ha llamado Yanya, que vive en Amsterdam y es de Oviedo, pero casualidades de la vida, con raíces en la cuenca y además ex-alumna de la Escuela de Hostelería de Oviedo, por lo que conocemos a mucha gente en común. Luego me ha llegado un email de Alejandra, que ya lleva aquí un año más que yo y que además, casualidades de la vida, yo tenía que haberla conocido ya entonces, porque antes de venirme y por un contacto en Hostelería, me dieron el teléfono de su madre, una señora estupenda con la que llegué a hablar y que me dió el teléfono de su hija, que más tarde perdí. Pero estaba quizás escrito en el libro del destino, porque ahora, después de ocho años, me llega el email de Alejandra, amiga de Sonia y quien a su vez me ha abierto una puerta digital para conocer a Mónica, avilesina ella, y a un tal Burgosu, gijonés y con una pila de viajes a la espalda que para que luego digan instancias gubernamentales que los jóvenes asturianos no viajan ni se buscan la vida.
He conocido a otros españoles aquí en Holanda, una de ellas se ha convertido en mi amiga del alma, mi Anabel querida. Pero sucede algo extraño cuando uno se encuentra a un paisano, hay ya de golpe una complicidad implícita, como una especie de pacto silencioso que basta para dar el primer paso hacia una posible amistad: somos asturianos y basta, ya conocemos al menos el pilar cultural e histórico que nos hace quienes somos.
En fin, que no estoy sola, y hoy me iré a la cama con todos estos nuevos nombres en mi cabeza, nuevas caras que quizás haya visto alguna vez en cualquier calle de Oviedo, de Gijón, de Avilés, de la cuenca, pero nuevas caras todas.