Una oración, un pensamiento
Hace tiempo os hablaba en esta bitácora sobre la historia de un refugiado palestino cristiano que había conocido. Ayer me llegó la noticia, Daniel, que así se llama, ha desaparecido. No, no es que él se haya ido del campo de refugiados, sino que los responsables del centro le han puesto en la calle por dos semanas y no se sabe de él. Todo comenzó hace unos días, cuando le robaron la cartera y el teléfono móvil que tenía para comunicarse con su persona de contacto en Holanda, que no es otra que mi increíble amiga Kay. Daniel fué transladado a otro campo de refugiados cerca de Rotterdam y aún sabiendo su historial (pero recordad que para los funcionarios sólo son números) le pusieron a compartir caravana con dos musulmanes. Daniel sospechó que habían sido ellos quienes le habían robado la cartera y el teléfono, por comentarios y risas que estos individuos habían realizado en su presencia, de manera que estalló la discusión y él fue acusado de comenzarla. Al parecer el reglamento del campo es así de drástico: a la calle por dos semanas, sin dinero, sin documentos, búsquese usted la vida y calmesé. Ahora no sabemos de Daniel, nadie lo encuentra, ni siquiera su contacto en la iglesia, un voluntario católico que le acompaña los domingos y le está ayudando a superar su depresión. Me imagino a Daniel intentando encontrar refugio en la fría noche holandesa, caminando los seis kilómetros desiertos que separan el campo de refugiados del resto de la civilización. Me lo imagino de nuevo llorando por su situación desastrosa, pero me lo imagino aún vivo, porque los que le conocen mejor temen lo peor, y se imaginan la tentación del inmenso agua del mar del Norte delante de Daniel, un golpe de agua fría y el olvido de todos los problemas para siempre. Desde aquí sólo puedo enviar a Daniel un pensamiento, una oración, porque para mí no será nunca un número y espero que pueda a volver a ser al menos Daniel.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home