La cocina de María

Este blog está escrito desde mi cocina, que para mi es una especie de laboratorio experimental donde uno prueba a renovar una antigua receta o a escribir una nueva historia. Bienvenidos a mi cocina y bon apetit!

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jueves, octubre 05, 2006

Asturianos

Estoy trabajando en la idea de hacer un reportaje sobre asturianos por estas tierras bajas. Ya llevaba tiempo con la idea, pero sólo tenía un problema: yo era la única asturiana que conocía. Hasta que hace un mes, de pura casualidad, conocí a una chica de Oviedo, Sonia Pedregal, y a partir de ahí, como por arte de magia, asturianos residentes en Holanda han ido apareciendo en mi vida casi a diario, lo que es sin duda una sorpresa agradable. La mayoría, como yo, han llegado hasta aquí de la mano de un novio, un marido, una ilusión sentimental. Todos se han quedado porque han encontrado un trabajo estable, las posibilidades de mejorar en sus carreras y aprender idiomas. Hoy mismo me ha llamado Yanya, que vive en Amsterdam y es de Oviedo, pero casualidades de la vida, con raíces en la cuenca y además ex-alumna de la Escuela de Hostelería de Oviedo, por lo que conocemos a mucha gente en común. Luego me ha llegado un email de Alejandra, que ya lleva aquí un año más que yo y que además, casualidades de la vida, yo tenía que haberla conocido ya entonces, porque antes de venirme y por un contacto en Hostelería, me dieron el teléfono de su madre, una señora estupenda con la que llegué a hablar y que me dió el teléfono de su hija, que más tarde perdí. Pero estaba quizás escrito en el libro del destino, porque ahora, después de ocho años, me llega el email de Alejandra, amiga de Sonia y quien a su vez me ha abierto una puerta digital para conocer a Mónica, avilesina ella, y a un tal Burgosu, gijonés y con una pila de viajes a la espalda que para que luego digan instancias gubernamentales que los jóvenes asturianos no viajan ni se buscan la vida.
He conocido a otros españoles aquí en Holanda, una de ellas se ha convertido en mi amiga del alma, mi Anabel querida. Pero sucede algo extraño cuando uno se encuentra a un paisano, hay ya de golpe una complicidad implícita, como una especie de pacto silencioso que basta para dar el primer paso hacia una posible amistad: somos asturianos y basta, ya conocemos al menos el pilar cultural e histórico que nos hace quienes somos.
En fin, que no estoy sola, y hoy me iré a la cama con todos estos nuevos nombres en mi cabeza, nuevas caras que quizás haya visto alguna vez en cualquier calle de Oviedo, de Gijón, de Avilés, de la cuenca, pero nuevas caras todas.