Amigas
Yo soy una de esas personas que suele tener siempre el ego por los suelos. Necesito siempre de las afirmaciones de los demás para reafirmarme a mí misma. Eso es cosa mala, lo sé, pero cambiar es difícil. Muchas veces cuando los demás hablan sobre cosas que admiran en mí primero me ruborizo y luego me asombro, no sólamente porque no me lo crea, sino porque me asusta el pensar que yo que soy la persona que vivo dentro de mí las 24 horas del día, no sea capaz de ver tantas virtudes y sí tantas manías e inconvenientes. Quizás sea la esencia de la raza humana, nunca estar conforme con lo que se tiene, en este caso a un nivel espiritual e intelectual, quizás a veces físico, más que material.
Por ello necesito de mis amigos. Hay épocas en las que me quejo mucho porque me siento sola. Uno vive lejos de la tierra y echa de menos a esos amigos de siempre, de los que conocen todos o casi todos tus secretos y te han visto crecer, evolucionar o incluso a veces enanecer, para qué nos vamos a engañar. Sin embargo estos días me he dado cuenta de que aunque pocos, sí tengo muy buenos amigos. Ya se sabe, más vale calidad que cantidad. Hace unos días me llamó mi amiga Laura desde Badajoz. Un cielo esta Laura, no sólo por su cara angelical, que la tiene, sino porque es de esas personas que le confortan a una. Sus conversaciones son un bálsamo para mí y yo que no soy muy amiga del teléfono, me puedo pasar horas hablando con ella. Laura es una especie de manual viviente de pensamiento positivo para mí que suelo caer muy fácil en la negatividad. Es capaz de enumerar incansablemente todas mis buenas cualidades de tal manera que termino por creérmelas y soy capaz incluso de ir a pegarme un beso en el espejo y decirme eso de "nena, tú vales mucho" en cuanto cuelgo el teléfono con ella.
Por si fuera poco, debo de tener algún enchufe por allá arriba (y es que tres tías monjas y algún cura en la familia pesan, seamos sinceros) porque no sólo cuento a Laura entre mis amigas sino que además su hermana Alicia forma parte de ese círculo sagrado de amistad, y tampoco ella se queda corta en cualidades para ser la mejor amiga del mundo. Hace poco pasamos unos días juntas por mi tierra, Asturias, y era cómo si el tiempo no hubiese pasado. Bueno, vamos a ver, estamos mucho más estupendas que cuando éramos estudiantes (las cosas como son) y además tenemos apéndices: maridos y niños; pero por lo demás todo sigue igual a pesar de la distancia. Nos reímos, hablamos de todo, nos contamos las penas... el guiño de intimidad sigue vigente. Lo que más admiro de Alicia es su honestidad. Creo que es una persona muy íntegra y es capaz de decirte las cosas como son, sin el fino velo que a veces la amistad tiende a poner cuando no queremos dañar al otro. Eso me gusta muchísimo de Alicia y por eso cuando quiero tener las cosas claras o quiero tener una opinión sincera sobre algo, llamo a Alicia.
Hoy acabo de llegar de un día de compras con otra amiga, Anabel. Es una amiga reciente pero aquí pesa eso de la calidad versus cantidad. Desde el primer momento Anabel ha sido una amiga como las de toda la vida, quizás porque tenemos muchas cosas en común, quizás por ser las dos españolas en un país que no es el nuestro, o quizás porque allá arriba sigo teniendo enchufe. Me gusta de Anabel que es una combinación de Laura y Alicia. Sabe darme dosis de positivismo cuando necesarias, sabe ser realista y abrirme los ojos cuando los cierro. Lo que quizás más admiro de ella es que ha sabido conservar muy bien esa niña que lleva dentro y es capaz de tirarse por el suelo y jugar con mi hija de dos años disfrutando plenamente del momento. Esa niña Anabel brilla en sus ojos y a veces pienso que me hubiera gustado conocerla entonces, pero en fin, para eso está su madre, para ponerme al corriente de todas sus correrías de entonces.
Y está Kay... es una persona tan especial que merece un día aparte. Kay es ese tipo de personas que te hace sentir todo un honor el poder considerarse su amiga. Cuando uno se para a analizar a los amigas y se da cuenta de lo maravillosas que son, no queda más remedio que pensar que entonces una no debe estar tan mal, no? Lo mejor para el ego bajo mínimos son sin duda buenos amigos.
Por ello necesito de mis amigos. Hay épocas en las que me quejo mucho porque me siento sola. Uno vive lejos de la tierra y echa de menos a esos amigos de siempre, de los que conocen todos o casi todos tus secretos y te han visto crecer, evolucionar o incluso a veces enanecer, para qué nos vamos a engañar. Sin embargo estos días me he dado cuenta de que aunque pocos, sí tengo muy buenos amigos. Ya se sabe, más vale calidad que cantidad. Hace unos días me llamó mi amiga Laura desde Badajoz. Un cielo esta Laura, no sólo por su cara angelical, que la tiene, sino porque es de esas personas que le confortan a una. Sus conversaciones son un bálsamo para mí y yo que no soy muy amiga del teléfono, me puedo pasar horas hablando con ella. Laura es una especie de manual viviente de pensamiento positivo para mí que suelo caer muy fácil en la negatividad. Es capaz de enumerar incansablemente todas mis buenas cualidades de tal manera que termino por creérmelas y soy capaz incluso de ir a pegarme un beso en el espejo y decirme eso de "nena, tú vales mucho" en cuanto cuelgo el teléfono con ella.
Por si fuera poco, debo de tener algún enchufe por allá arriba (y es que tres tías monjas y algún cura en la familia pesan, seamos sinceros) porque no sólo cuento a Laura entre mis amigas sino que además su hermana Alicia forma parte de ese círculo sagrado de amistad, y tampoco ella se queda corta en cualidades para ser la mejor amiga del mundo. Hace poco pasamos unos días juntas por mi tierra, Asturias, y era cómo si el tiempo no hubiese pasado. Bueno, vamos a ver, estamos mucho más estupendas que cuando éramos estudiantes (las cosas como son) y además tenemos apéndices: maridos y niños; pero por lo demás todo sigue igual a pesar de la distancia. Nos reímos, hablamos de todo, nos contamos las penas... el guiño de intimidad sigue vigente. Lo que más admiro de Alicia es su honestidad. Creo que es una persona muy íntegra y es capaz de decirte las cosas como son, sin el fino velo que a veces la amistad tiende a poner cuando no queremos dañar al otro. Eso me gusta muchísimo de Alicia y por eso cuando quiero tener las cosas claras o quiero tener una opinión sincera sobre algo, llamo a Alicia.
Hoy acabo de llegar de un día de compras con otra amiga, Anabel. Es una amiga reciente pero aquí pesa eso de la calidad versus cantidad. Desde el primer momento Anabel ha sido una amiga como las de toda la vida, quizás porque tenemos muchas cosas en común, quizás por ser las dos españolas en un país que no es el nuestro, o quizás porque allá arriba sigo teniendo enchufe. Me gusta de Anabel que es una combinación de Laura y Alicia. Sabe darme dosis de positivismo cuando necesarias, sabe ser realista y abrirme los ojos cuando los cierro. Lo que quizás más admiro de ella es que ha sabido conservar muy bien esa niña que lleva dentro y es capaz de tirarse por el suelo y jugar con mi hija de dos años disfrutando plenamente del momento. Esa niña Anabel brilla en sus ojos y a veces pienso que me hubiera gustado conocerla entonces, pero en fin, para eso está su madre, para ponerme al corriente de todas sus correrías de entonces.
Y está Kay... es una persona tan especial que merece un día aparte. Kay es ese tipo de personas que te hace sentir todo un honor el poder considerarse su amiga. Cuando uno se para a analizar a los amigas y se da cuenta de lo maravillosas que son, no queda más remedio que pensar que entonces una no debe estar tan mal, no? Lo mejor para el ego bajo mínimos son sin duda buenos amigos.

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